domingo, 28 de abril de 2013

El guardián de las alturas,




El guardián de las alturas,

Corría el verano del 1954,  me llamo Julio, soy parte de una expedición que intentara hacer cumbre en el coloso de America,

La expedición, estaba conformada por Raúl, un eximio montanista, que era el jefe del grupo, los otros integrantes eran Juan, Pablo, Alfredo y Fernando,  como olvidarlos esa foto en el puerto de Bs. As quedo en mi cabeza, la primera expedición civil en hacer cumbre.

Todos ahí reunidos, haciendo chanzas y bromas  antes de salir , era una aventura fabulosa, poder conquistar  el Aconcagua , el coloso de America y hacer cumbre

Viajamos a Mendoza, en avión, el viaje fue ajetreado, llegamos a potrerillos y desde el aire se veía la  pre cordillera, nos aclimatamos en Mendoza, para luego ir a al puente del inca , y recalar en el cristo redentor ubicado en el limite con Chile, para orar antes de empezar con la expedición,

Sentado al pie del cristo, sentí una sensación extraña, mire al cielo y vi un gran cóndor volando, era un buen presagio , nos quedamos mirando los dos, por unos instante, hasta que Raúl , me dijo que no lo mirada, ya que no era buen presagio según la costumbre,

Nos dirigimos a plaza de mulas, esperamos un tiempo, por que no había buen tiempo, hasta que Raúl, tomo la decisión ir por el lugar mas difícil de ascensión, por el glaciar los polacos, y luego por la vía normal para hacer cumbre,

Llego el día, estábamos todos nerviosos, el día estaba perfecto, sol a pleno, poco viento; la caminata sería de unas 3 a 4hs por sendas con mucha pendiente, eran las 15 hs , el cielo se había nublado, camuflando con sus nieblas.

Alrededor tronaban los glaciares, como advirtiéndonos que no lo intentemos,

Fue la primera vez que sentí miedo en mi vida, escuche un ruido , era nuevamente el cóndor con el cual habíamos cruzado la mirada, estaba sobrevolando , arriba mío advirtiéndome algo, solo atine a resguardarme atrás de una gran piedra, una avalancha inesperada , hizo caer una gran roca acompañada de nieve casi eterna.

Fernando no tuvo la suerte que tuve yo, quedo sepultado tras la avalancha, el cóndor me salvo la vida,
Raúl, y yo seguimos adelante, ya que quedamos atrapados, no podíamos volver atrás, si no hacíamos cumbre estábamos perdidos,

El cóndor volvió a aparecer, y me marco que ya podía acceder al coloso,
El miedo se volvió en coraje, le toque el hombro a Raúl asintiéndolo, hagámoslo acabemos con el,

Quedaban pocos metros y nos tuvimos que colgar, trepándonos, fue algo asfixiante, el frío hacia estrago en mi, mis pulmones estaban debilitados,

Cuando estaba por entregarme, volvió a aparecer ese bello animal, y me dio fuerzas para seguir, ya no podía hacer otra cosa que seguir hacia arriba, nada me paraba, con mis ultimas fuerza subí y quede con los brazos abiertos en la plataforma blanca de la cumbre, lloraba de la emoción, abrí los ojos y fue la ultima vez que nos cruzamos miradas con el guardián de las alturas, siempre le estaré agradecido por cuidarme,

Tirado en el piso , sentí el aroma a vainilla en su cantimplora tenia un whisky Bourbon que llevaba en su cantimplora para festejar la hazaña, ya que era un rito tomar un trago para festejar cada vez que hacia una cumbre,  nos abrazamos y lloramos un poco , por la hazaña,

Mi festejo al llegar a Buenos Aires fue , tatuarme el cóndor en el brazo izquierdo en agradecimiento al guardián de las alturas,
Fin







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